lunes, 5 de diciembre de 2011
# 8
Me pidió mi alma, para verla, un día. Y yo se la presté, como quién deja algo preciado a una persona en la que confía. Y me quedé sin alma.Yo esperaba que vista ya, me la devolviera. Pero se la llevó.
Mi cuerpo temblaba como una hoja a punto de caer de la rama un día de otoño, pero desposeído de energía. No fuí capaz de oponer la más mínima resistencia.
Y ahora vivo sin ella. Y tiene sus ventajas. Una ceguera me impide ver el mundo tal cuál es, y al escuchar su ruido, indiferencia. Nada me hiere, nada me perturba, nada me destroza por dentro y me hace sentir débil.
Ser de músculo y carne es tan sólo un peldaño superior al de la piedra.
Pero yo quiero más. El gozo y la agonía, la esperanza, el recuerdo, la tristeza, la duda y el desasosiego. Quiero que me devuelva mi alma, la que me robó. Quiero vivir en mayúsculas, aunque eso me haga sentir pequeña y desprotegida en ocasiones. Reir y llorar, y no siempre en el mismo orden, e incluso las dos cosas a la vez. No quiero el vacío que ha dejado en mi pecho, quiero mi alma, la que lleva mi nombre.
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